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miércoles, 17 de agosto de 2011

El vecino de la casa de enfrente. 4a final

El vecino de la casa de enfrente. 4a final
Por Francisco Mundo.

En la tarde tocaron la puerta de su casa. Apresuradamente corrió a abrir.

-          “Buenas tardes señora, le traemos su pedido de colchón ortopédico de 800 por 800 y soporte tal como lo pidió.  Firme aquí por favor”

Esa noche tomó un baño antes de dormir. Estaba muy pensativa con todo lo que había pasado en el día. Sentada en el tocador se peinaba lentamente mirando por el espejo hacia su cama. Con su pijama de pantalón y camisa se metió entre las sábanas y apagó la luz.


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A la mañana siguiente abrió los ojos con una gran interrogante. Se preguntaba a ella misma cómo había dormido. Miro para todos lados mientras auscultaba todo su cuerpo buscando la respuesta. No tenía el cabello desaliñado. Al parecer no necesitaba peinárselo como todas las mañanas.  Bajó de la cama, se puso sus sandalias y lo primero que hizo fue ir a su closet para buscar los portarretratos con las fotos de su padre y de su marido.  Los colocó sobre su tocador para verlos cada mañana.

Después de desayunar decidió ir de compras. Tomó las llaves. Estaba saliendo cuando sonó el teléfono.  No respondió… dejó que entrara la contestadora.

-          “!Hola buenos díaaass! Te llamo porque me acaba de decir mi jefe que te diera la noticia de que tu propuesta acaba de ser aceptaba, que les pareció muy buena y que te vengas temprano porque quiere darte tu nuevo nombramiento. Ciaooooo!”


Al salir al jardín fue a buscar a su perro.  Junto a la cochera estaba un viejo colchón apilado esperando el servicio de limpia. No encontró al perro así que dio la vuelta para buscarlo y estaba con dos patas sobre la barda del jardín moviendo la cola…saludando al vecino de la casa de enfrente.  Lo vio con gran sorpresa… lucía distinto, rasurado y vestido apropiadamente, casi irreconocible. Lo miró a los ojos fijamente, y él con una mirada inusual y retirándose solo alcanzó a darle con toda cortesía los buenos días.

FIN

lunes, 15 de agosto de 2011

El vecino de la casa de enfrente 3a parte


El vecino de la casa de enfrente 3a parte
Por Francisco Mundo.

Salió de la casa y cruzo a pasos gigantes el jardín, y sin abrirle la puerta le empezó a gritar desde antes de llegar.

-          “¡Pero esto si que es el colmo del cinismo! ¡¿Quién se cree Usted para venir a tocar mi puerta con tal desfachatez después de lo que me ha hecho?! ¡No puedo creer que venga ahora a tocar mi puerta luego de su cobardía y de todos estos meses de hacerme destrozos y golpear a mi pobre perro que me hizo llevarlo al hospital!!”

Esta vez la cara de la indignada mujer estaba llena del doble de la furia de hacia minutos.  Le gritaba al vecino con coraje desmedido y manoteaba sin medida para mostrar más esa desaforada ira fuera de toda medida.

-          “¡Pero no puedo creer que venga Usted a tocar a mi casa con todo lo que me acaba cobardemente de hacer! ¡¿Por qué no me abrió al puerta!? ¡¿Por qué no tuvo los pantalones para que le dijera sus verdades tipejo insolente?! ¡Y ahora viene tan campante a tocar con esa cara de mal nacido que tiene! ¡Simplemente no lo puedo creer…!

La otrora tierna, encantadora y formal mujer, ahora no hacía sino insultar sin ton ni son a un vecino que insólitamente estaba ahí parado, quieto, impávido, sin expresión, ni de odio ni de susto, ni miedo, ante las sonoras palabras de la vecina que ya empezaban a hacer salir a todos los vecinos de la cuadra para saber que sucedía, a qué tanto grito y groserías de quien no podían creer las estuviera diciendo…. El tráfico de la calle se detuvo, las personas se quedaron a cierta distancia a ver la escena y a escuchar a tan iracunda mujer parada frente a un hombre desaliñado y sucio que la veía y escuchaba indiferente….

Al cabo de un par de minutos la mujer ya tenía el cabello despeinado, la respiración acelerada, el rostro desfigurado.  Mostraba por primera vez en su vida una reacción que la sacaba de toda formalidad y de todas sus casillas. Se le empezaban a acabar los insultos, su repertorio no era tan grande pues jamás había tenido la necesidad de insultar ni con tanta intensidad.  Siempre de niña, adulta o casada, nunca había tenido la necesidad de vivir tan agrios momentos. Seguía con la respiración jadeante y volvía a gritar y reclamarle toda la serie de daños a su casa, a su correspondencia…. De momento cambió el tono de su voz a uno de llanto entrecortado… las lágrimas empezaron a salir nuevamente…. Los vecinos ahora si se acercaron un poco más… el hombre no cambió para nada su expresión de indiferencia y seguía callado….

Entonces se hizo el silencio…. La mujer lloraba más aunque se tapaba la boca para que fuera su solo silencio… ningún auto ni persona osaba cruzar por tan singular escena….

De repente…el tipo, con toda su crecida y sucia barba, con su ropa desaliñada, su gran vientre, con unos pantalones enormes que eran sostenidos por dos grandes tirantes puestos sobre igualmente sucia camiseta de tirantes… con todo lo despeinado que sus escasos pelos tenía tras una calva prominente, le dijo:

-          “Vecina….querría Usted dormir conmigo todas las noches?”

……

El silencio que siguió a esa frase fue indescriptible y guardaba el asombro de todos los que la oyeron……levantando la cabeza lentamente la mujer pasó de un rostro de llanto a uno de nuevo coraje envuelto de asombro indescriptible….

-          “¡¿QUE QUEEEEEEEEEE?!, ¡¿QUE SI QUIERO QUEEE????.......no lo puedo creer! Ahora sé porque ha hecho todo lo que ha hecho! Es porque está Usted demente! ¡Está Usted enfermo! JAJAJAJAJAJ eso lo explica todo.. JAJJAJAJA no podía esperarse de un tipo así nada mas que una locura! ¡Oh Dios! ¡He estado todo este tiempo de vecina de un tipo loco de remate…!.”

La mujer entonces se llenaba de risa con lágrimas de ver que el tipo no era más que un pobre demente capaz de ir a preguntarle -después de todo lo que había pasado-, que si quería a acostarse con él  no una sino todas las noches… los vecinos no reían, solo estaban con los ojos bien abiertos viendo el rumbo que la discusión estaba tomando…

-          “No estoy loco señora…. Le pregunté si querría Usted acostarse conmigo…”.

La mujer detuvo su risa. Lo miró fijamente como si estuviera en medio de un surrealismo inaudito. Esperaba entonces con mucha curiosidad qué es lo que diría más ese hijo del surrealismo que minutos antes le había embarrado la ropa y la cara de un olor pestilente…

-          “¿Le duele la espalda señora? ¿Siente que cada mañana despertara como si la hubieran golpeado? ¿Tiene acaso toda la mañana como una pesadez que no la abandona y le penetra en su animo y buen humor volviéndolo malo y molesto?”

La señora paso de un rostro estupefacto a uno increíble. No respondía nada, solo escuchaba a ese bodrio de hombre que le preguntaba las cosas como médico de hospital privado con bata impecable vestido de traje y corbata…con toda la seriedad que el caso clínico ameritaba.  Mentalmente, sin embargo, respondía a todo que si. Todas las mañanas despertaba como sino hubiera descansado, como si la hubieran golpeado, con la espalda destrozada y con dolores que no la dejaban durante el día hasta que iba a dormir y nuevamente así… ¿Pero qué tenia que ver todo eso con que el tipo le preguntara que si quería acostarse con él?

-          “Solo tiene que verme para saber si quiere acostarse conmigo…”
-          “¡POR SUPUESTO que no quiero acostarme con Usted! ¡Si es un hombre despreciable y horroroso! ¡¿COMO puede venir a mi casa después de lo ocurrido y preguntarme cosa semejante?! ¡Sería el último hombre del planeta con el que quisiera acostarme en toda mi vida!
-          “Sin embargo le duele la espalda…”
-          “¡¿Y qué carajo tiene que ver eso con que quiera hacer semejante cosa!?”
-          “Tan solo que Usted jamás aceptaría ir a la cama con su enemigo…¿O acaso no me considera su enemigo?”
-          “¡Por supuesto que es mi enemigo y el ser mas despreciable del mundo! ¡Malaya sea la hora en que me vino a tocar de vecino!”.

Entonces el tipo puso una expresión mas seria, más directa y terminante, la miró fijamente a los ojos y le dijo con ceremoniosa terminación:

-          “Lo que tiene que hacer señora es no dormir con el enemigo más… tire ahora mismo su colchón y compre uno nuevo, procure que sea de alta densidad de resortes, de más de 800 por mt2, que tenga soporte superior, totalmente ortopédico y que le den garantía de mucho tiempo… Usted no ve a su enemigo pero duerme todas las noches con él, por eso duerme tan mal y con consecuencias que le duran todo el día, hasta la noche en que va a acostarse con él nuevamente y sin chistar….véalo como me ve a mi, y piense que lo que él le hace es lo mismo que yo le he hecho todos estos meses… hágalo ahora mismo, limpie sus mejillas, seque sus lágrimas y vaya en su auto a la tienda, hoy mismo debe de dormir pero no con ese escondido enemigo…”

El vecino de la casa de enfrente terminó de decir todo eso con el silencio impávido de todos. La mujer no dijo más, solo lo vio con los ojos bien abiertos y con una sorpresa que le tuvo la boca entre abierta todo el tiempo que duró su receta. El hombre dio la media vuelta y se metió a su casa.  Todos los curiosos vecinos hicieron lo mismo y la mujer se quedo sola en la escena que así terminaba.

Entró a su casa y se quedó recargada en la puerta tras cerrarla lentamente y con la mirada ida. Tomó las llaves de su casa, tomó las de su camioneta, subió y arrancó para desaparecer en la calle que se encontraba en total quietud.

Continuará...

sábado, 13 de agosto de 2011

El vecino de la casa de enfrente 2a parte



El vecino de la casa de enfrente 2a parte
Por Francisco Mundo

Fue una mañana decidida a todo. Cruzó la calle, se armó de valor recordando en un solo instante toda la interminable serie de agresiones de que había sido objeto durante meses y meses a los cuales no recibió ningún castigo, ni civil ni penal ni humano. Y después de todo ello el malvado vecino seguía impune y riéndose con sarcasmo, lleno de cinismo y conchudez inauditas.  Le toco suavemente el timbre de su casa (hasta eso) y espero unos instantes.  No respondía.  Volvió a tocar con delicadeza.  Espero un instante.  Nadie respondió.  Eran las 2 de la tarde y consideró que era muy buena hora para que el tipo ya hubiera despertado pues solo hasta esa hora daba señales de vida… parecía que dormía plácidamente hasta esa hora…. En lo profundo de su pensamiento le tenía envidia, pues ella cada mañana despertaba temprano y no porque tuviera que hacerlo, sino porque la cama la botaba al no soportar más los dolores de su espalda, cuello y cabeza.

Al no recibir respuesta alguna decidió abandonar la iniciativa. No había caminado ni cinco pasos cuando sintió que le habían arrojado algo por atrás: miró su ropa y tenía en espalda y piernas un jitomate embarrado completamente y oliendo a podrido…. Parecía que el tipo había escogido el jitomate más echado a perder para aventárselo grotesca y artreramente por la espalda…  esta vez su furia no pudo más.  ¡¡Volvió sobre sus pasos y tocó el timbre desaforada y fuertemente dispuesta a que le abriera y le escuchara decirle las suyas!!

El tipo no abría.  Volvió a tocar muchas veces hasta que casi el timbre se rompía mientras su femenino y bello rostro se descomponía en uno de coraje inaudito y meses de resentimiento reunido para llevarlo consigo en ese instante y decirle lo mucho que odiaba ya esa situación y de paso al impertinente, sucio, grosero y maldito vecino. ¿Pero qué había hecho ella para merecer tal agresión?? ¿Qué había sido tan meritorio para que le dañara y agrediera de tal forma de su parte para tener un incruento y vil trato? Nunca lo había agredido, nunca le atacó, al principio le daba los buenos días afablemente por considerarlo justo siendo vecinos pero dejo de hacerlo por recibir tan mal e increíble trato vecinal. ¿Qué culpa tenía ella de que el tipo era un malandrín que había llevado una vida tan desastrosa como vil?


No podía contener su furia esta vez, así que no soltó el timbre un solo instante dispuesta a que reventara.  Había perdido toda sensatez y ecuanimidad, todo respeto y formalidad.  Estaba irreconocible hecha un volcán furioso producto de injustificadas agresiones de un tipejo que ahora se escondía tras la puerta después de aventarle un artrero jitomatazo por la espalda… la espalda, esa que tanto le dolía cada mañana ahora el colmo, hasta enjitomatada había quedado.  Pero eso no se iba a quedar así.  Estaba dispuesta a que el hombre desalmado, y ahora cobarde de más, le escuchara los gritos que tenía que decirle.

El timbre se apagó de repente. Dejo entonces de apretarlo, junto las cejas con extrañeza y confirmó que lo apretaba al fondo y no sonó más.  Supuso entonces que el tipejo había bajado el switch para que no se escuchara. Su coraje se convirtió en odio iracundo.  Se dirigió a la cerca de la sucia entrada, arrancó con todas sus fuerzas un palo de madera y regresó con todas las negras intenciones de darle de golpes a la puerta hasta que abriera.  Seguramente el hombre estaba debajo de la cama muerto de miedo al verla tan iracunda como nunca la había visto.  Se había dado cuenta que hasta ese día la gentileza, la indiferencia y la callada vecina se había terminado para convertirse en la furia enorme que ahora era y sin ningún miramiento.

Hubiera querido que su esposo la acompañara en ese instante, que tuviera un apoyo y una compañía para defenderse de todo y de todos, en especial de ese indeseable y horrible vecino y arrojarlo de la colonia para siempre; que su marido y ella hicieran las cosas juntos en todo momento hasta en esos trances tan molestos.  Lo añoraba grandemente tras esa furia incontenida, tanto, que las lágrimas le empezaron a salir a borbollones con leves llantos que acompañaban a sus golpes a la puerta cuyos soportes ya deseaba tirar.  Sus brazos ya no soportarían tanto y los empezaba a bajar sin dejar de pegar con sus últimas fuerzas…

De repente la puerta se abrió. Dejo de pegar. Bajo los brazos y el palo. La puerta terminó de abrirse lentamente rechinando como casa de los Monster dejando salir un olor a sucia humedad y a comida echada a perder…. Por instinto iba a ponerse la mano sobre la nariz y la boca pero no tuvo tiempo: recibió el fuerte impacto de un segundo golpe de un jitomate putrefacto en la cara… el jugo descompuesto de la verdura embarrada no le dejó ver más. Entonces recibió un tercero, un cuarto impacto en el pecho y piernas.  En un instante estaba toda llena y maloliente de golpes artreros que le llenaron de estupefacta indignación.

No alcanzó sino a correr.  Abrió la puerta de su hermosa, bien cuidada y gratamente olorosa casa para abrir abruptamente la puerta del limpio y reluciente baño para lavarse la cara y poder ver bien.  Entonces si lloró desconsoladamente, con quejidos que le cubrieron el alma entera.  Se sentó en el la tapa del WC para gemir lastimosamente.  Se cubrió la cara con sus enjitomatadas manos para sollozar más. De repente se le vinieron las imágenes de su padre, cuando la cargaba en brazos, cuando le enseñaba a manejar, cuando se casó, cuando iba con su esposo caminando en el bosque, cuando los dos leían sentados en la confortable sala…

Paso varios minutos así. Con desgano, lentamente se quito la ropa, abrió la llave de la regadera y se metió a tomar un baño.  Tapó luego el fondo de la tina y se sentó rodeada de agua calientita para estar con su soledad.  Eran muchos recuerdos, todos gratos, quizá alguno amargo pero el saldo era confortablemente recordable.  Tenía todo el rimel corrido, el gesto cansado, la tristeza abundante.  La casa siempre vacía, dejaba oír muy bien el caer de la gota de la regadera en el agua de la tina por largos minutos. Quizá también se escuchaban sus memorias…

Alcanzó una toalla, se cubrió y otra se la puso sobre la cabeza enredándola y poniéndola sobre su espalda que entonces recordó el inseparable dolor que la acompañaba. Fue a sentarse en el banquito del tocador. Tenía la mirada ida.  No se atrevía a mirarse al espejo.  Si lo hacia no tendría respuesta para la pregunta: ¿Dónde está la emprendedora profesionista?, ¿Dónde quedó la excelente universitaria?, ¿Dónde la esposa iluminada?  Solo vería la mujer a jitomatazos agredida con el rimel todo corrido.

No dejó pasar más el tiempo. Sacó ropa limpia y cómoda.  Estaba dispuesta a volver a las autoridades a levantar una demanda de cualquier tipo y declarar que había recibido artreros jitomatazos solo por ir a reclamar las agresiones sin razón y fundamento que había tenido por parte de su vecino de la casa de enfrente. Al terminar de vestirse escucho que tocaban el timbre. Pensó que era su mamá pues la esperaba a comer. Rápidamente se pasó las manos por la cara pues no quería que la viera que había estado llorando y buscó entre sus cabellos y orejas sino quedaban restos o semillas de los jitomates.

Iba terminando de peinarse los cabellos por las escaleras y al abrir alcanzó a ver en la puerta del jardín al vecino de la casa de enfrente que esperaba impávido a que le abriera.

No podía reponerse en un solo segundo de la sorpresa.  Tenía aun los ojos muy abiertos y la boca abierta.  No le daba tiempo de resucitar tan rápido el coraje de hacía unos minutos. Se quedó paralizada, no podía creer lo que sus ojos veían. Solo alcanzó a tirar al piso el cepillo de su cabello.

Quizá pasaron así unos segundos. Su cara de sorpresa inaudita se volvió nuevamente de odio y resentimiento, de recordar tan solo los cobardes ataques de las que había sido objeto en la puerta de ese vecino que ahora estaba ahí, parado con la cara llena de cínica ecuanimidad e indiferencia como si nada hubiera pasado…

Continuará...

viernes, 12 de agosto de 2011

El vecino de la casa de enfrente.-

El vecino de la casa de enfrente.-

Por Francisco Mundo



Era un amanecer muy tranquilo. Cada mañana se respiraba un ambiente quieto y suave.  Su casa era muy confortable,  llena de luz y con espacios grandes, bonito mobiliario y cortinas transparentes  con encajes exquisitos. Un piso de duela y alfombras persas le sostenían su pisada femenina y su andar cadencioso. Se ponía su sutil y delicada bata de seda que le cubría su entornado cuerpo de joven mujer.  Hacía diez años que dormía sola pues su marido había fallecido en un accidente automovilístico en carretera dejándola sola.  Había llorado mucho. Sin embargo, cada mañana le dedicaba un recuerdo singular a su memoria de buen hombre, de gallardo, honesto y trabajador compañero de su vida que siempre le dedico un tono de respeto y ternura a su matrimonio por más de 15 años.

Se sentaba a su tocador para peinarse…lo hacía mucho pues cada mañana despertaba con el cabello todo desaliñado y enredado a pesar de irse a dormir cada noche bien cepillada y arreglada…al despertar parecía que había tenido una noche de tumulto…le dolía todo el cuerpo y sentía que la habían golpeado indiscriminadamente…todo lo achacaba al recuerdo de su esposo que nunca olvidaba, a la tragedia que no dejaba de ser para ella el haberlo perdido…. Lloraba con frecuencia y sus ojos al despertar ya no brillaban más…

Al tomar un baño y un reconfortante desayuno se sentía mejor aunque los dolores no le abandonaban durante todo el día. Conservaba siempre su vestir juvenil pues a sus 35 años parecía una mujer mucho menor. Sus ejercicios diarios y su alimentación sana le ayudaban a tener un aspecto fuerte y lozano.

Salía cada mañana a sus compras, a un recorrido en bicicleta o a caminar por el parque. Después de comer se vestía muy formal y estaba en su oficina hasta las 9 de la noche.  La empresa llantera internacional la consideraba una excelente contadora y llevaba la nómina, las inversiones de la compañía, organizaba los comités de seguridad industrial y asesoraba al Consejo de Administración en las estrategias de mercado de la empresa, en la cual, con 20 años de trabajar ahí, gozaba de prestigio profesional y de una importante y destacada participación.

Llegaba agotada a dormir.  No tenía amigas, no salía. Solo iba muy ocasionalmente a visitar a su anciana madre, igualmente viuda y cuya visita les reconfortaba el corazón de mujer. Su padre había muerto en un accidente en la empresa minera donde trabajaba.  Las condiciones de mantenimiento de las instalaciones eran muy deficientes y se encontraban en un descuido enorme a pesar de lo importante que eran para el desempeño de la extracción del estaño para el país.  Era el contador de la empresa e insistía mucho en que la compañía debía hacer importantes y considerables inversiones en el renglón de seguridad no solo para el mantenimiento de las enormes máquinas sino para la seguridad de los mineros.  Al estar haciendo una inspección se rompió un cable de acero de la banda y cayó junto con otras personas hasta el fondo de una bóveda muriendo todos al instante.

Quizá por ello ella insistía también en lo importante que era la seguridad laboral en su trabajo.  Trabajar con azufre y el caucho para hacer y renovar las llantas no era cosa de tomarla a la ligera.  Todos los empresarios reconocían su intervención en ese sentido y ya apoyaban las iniciativas de inversión financiera para adquirir y cuidar de mascarillas, ropa protectora, guantes y cascos junto a la revisión periódica de maquinaria que permitieran trabajar a los obreros con el menor riesgo, y que ellos mismos junto a los directivos formaran los comités de seguridad que ya habían dado muy buenos resultados: las quemaduras y daños personales diversos primero se redujeron  para desaparecer después con beneplácito de todos, en primer lugar para ella de ver su labor con éxito.

Pero cada mañana su satisfacción de la tarde anterior se volvía pesadez y molestia. Su cuerpo le dolía y la sensación de haber sido golpeada durante toda la noche era cosa de todos los días.  No había razón que explicara eso. Sus ejercicios diariamente disciplinados no la abandonaban, su silla en la oficina era ergonómica y de respaldo lumbar, no calzaba zapatillas de tacón alto, pues sabía perfectamente que después de los tres centímetros la columna perdía estabilidad y tendía a la deformación en el andar. A ratos, cerraba el lujoso privado de su oficina para acostarse en el piso, sobre una limpia alfombra cubierta de un cobertor para descansar su espalda de todo el día de trabajo…y de una pésima noche de sueño.

Pero había otra cosa que le amargaba no solo el cuerpo sino la existencia misma: tenía un vecino en la casa de enfrente que le hacía la vida en la colonia imposible. Al barrer su frente el vecino le colocaba toda su basura en el portal, cuando llegaba su correspondencia se encontraba rota en pedazos minúsculos dentro del buzón, la cerca de madera ya tres veces la había tumbado en algunas partes, platicaba a todas las vecinas que ella era una mujer desastrosa y complicada, sucia y agresiva.  En dos ocasiones el incruento vecino le había intentado envenenar a su perro y en una más le dio con un tubo lastimándole una de sus patas.  Ese día lo tomo en brazos, lo cargo como pudo pues era un pastor alemán muy grande y bien alimentado, muy noble y protector, lo subió a la parte trasera de su camioneta y aceleró al hospital veterinario.  Mientras lo curaban ella lloraba fuerte y tristemente por su perro.  Pasó largos minutos en la sala de espera mientras recordaba que con su marido lo habían comprado antes de que él muriera, cuando lo llevaban al parque caminando juntos y tomados de la mano…

Al cabo de unas semanas el perro había sanado.  Tenía ya no una nobleza sino un resentimiento con el vecino que le gruñía ferozmente cada vez que lo veía acercarse. Eso hizo disminuir las agresiones del molesto vecino durante un tiempo.  Era un hombre de cara enjuta, agrio y de enorme vientre, con una gran calva, se veía que no se rasuraba en semanas ni se cambiaba de ropa. Su segunda mujer le había igualmente abandonado por convertirse en un hombre tan grosero y desalmado, tan descortés e irrespetuoso en toda la vida matrimonial.  Sus mujeres habían comentado en todo el barrio antes de irse que al principio era un hombre formal, limpio, de caballeroso aspecto y gentil, de buen vestir y trato cordial, de grata sonrisa y lleno de atenciones, pero que con los meses se había convertido en un verdadero ogro al dar un trato desconsiderado y seco, celoso y osco.

Ese incruento hombre se la pasaba todo el día metido en su descuidada casa.  No se explicaba de qué vivía pero lo hacía de una forma deprimente. No pintaba la fachada, no arreglaba ni una cerca caída y solo barría su entrada para ir a tirarla impunemente hasta la limpia acera y blanco portal de la vecina de enfrente.

A pesar de ser viuda, de un empleo donde era reconocida, que conservaba un ambiente ordenado y limpio en su casa, con un toque sencillo, distinguido y de buen gusto en su ropa y mobiliario, de pasar fines de semana en apacible lectura y suave silencio, el vecino era el único que con su escándalo constante de música horripilante, de sus estruendos que hacía cada vez que estaba borracho, le hacía la vida imposible.

Había movido todas sus influencias y contactos con las autoridades, había promovido con los vecinos una demanda civil para desalojarlo pero todo había sido inútil: el vecino seguía gozando de una impunidad increíble a pesar de que solo a ella le rompía las cosas, le lastimaba a su mascota, le destruía su correo, le cortaba los cables de luz dejándola ya dos veces completamente a oscuras durante algunas noches. Las cosas llegaron al extremo.  Estaba ya totalmente resuelta a acabar con esa situación que le ennegrecía todo el resto de su lograda y cuidada vida.
Continuará...